Espero que no os moleste que el tema de esta semana sea tan similar al del domingo pasado, pero es que estamos en esa época del año de sofá, peli y manta. Y este viernes se estrenó la nueva temporada de Frieren, que es el anime más precioso que he visto nunca, y estoy muy emocionada.
Seguramente soy demasiado mayor para salir del armario otaku. Aunque de adolescente tuve una fase de dibujar manga, se quedó en eso, en una fase de la juventud. Y esque hasta hace no mucho yo era bastante reacia a ver anime. Soy una mujer hetero en sus treinta. Simplemente no doy el perfil.
Pero entonces J. me propuso ver Attack on Titan. Yo no estaba por la labor porque ya había visto trozos de algunos capítulos con mis compañeros de piso en la Universidad, y me parecía demasiado gore. Pero J. y mi hermano me insistieron tanto, que decidí darle una oportunidad. Y es la mejor serie que he visto nunca. Es brutal. La trama te intriga más con cada capítulo que pasa, los personajes te hacen sufrir, los titanes empiezan a poblar tus pesadillas. Es feminista sin ser woke. Es una lección de historia de la humanidad. Y la banda sonora es para levantarse y escucharla con el puño en el corazón.
Y desde entonces ya no he parado, J. y yo hemos visto decenas de animes desde entonces.
Y es que, acostumbrada a ver series “normales”, el anime es un cambio de molde. Los roles de los personajes, las dinámicas, las tramas, los estereotipos y los tópicos, todo es distinto. Y eso a mi cerebro le encanta. Es como probar la comida de un nuevo país.
Otra fortaleza del anime es que el hecho de que sea dibujado en vez de grabado con actores facilita contar historias de fantasía que difícilmente se pueden reproducir en la vida real de forma creíble. Ahí sí es verdad que yo tenía papeletas de que me gustase el anime, porque enfrascarse en un mundo de fantasía siempre me ha encantado.
El anime que estoy viendo ahora, Frieren, es una de las series más bonitas que he visto en mi vida. Cada capítulo es una lección de paciencia, de aprender a vivir más lento, sin prisas, a apreciar los pequeños placeres de la vida con detenimiento. Los personajes van madurando poco a poco, las imágenes son detallistas, cuidadosas, y hermosas. Y la música es para ponerte los pelos de punta. También tiene pequeñas dosis aquí y allá de humor y romance, que le dan profundidad y realismo a los personajes, que son una delicia.
Si con esto animo a alguien a darle una oportunidad a este género, me encantaría saberlo en comentarios.
Hasta el próximo domingo, sasageyo.
