Este es un tema un poco complicado porque es más habitual quejarse del trabajo que dar gracias por el mismo. Y yo soy humana y también tengo esa inclinación a protestar, pero hoy quiero intentar darle la vuelta al tablero.
Por poneros en contexto, yo trabajo en una consultora. Sí, tengo uno de esos puestos con nombre rimbombante en inglés que nadie entiende lo que significa. Lo que se ve desde fuera es que me paso el día mandando e-mails, montando Excels y Power Points y yendo a reuniones. Si tengo que explicarlo de forma breve y para todos los públicos, yo ayudo a mis clientes a buscar la forma de que sigan ganando dinero al menor riesgo posible. A mí me gusta pensar que me gano la vida dando consejos. Y si mis amigas supieran cuánto cuestan en euros mis consejos, seguro que me harían más caso!
Creo que parte del proceso de madurar consiste en darte cuenta de que, incluso aunque tengas el trabajo de tus sueños, lo normal es que trabajar sea pesado. Eso de “elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida” no es muy realista, al menos para la mayoría de las personas. Creo que casi todos los trabajos, por muy vocacionales que sean, cuestan un esfuerzo, y tenemos que aceptar que no siempre tenemos ganas o estamos motivados para hacer ese esfuerzo. No quiero sonar cínica. Lo que quiero decir es que tener un buen trabajo no siempre equivale a alegría y felicidad. A lo que sí creo que hay que aspirar es a tener un trabajo que te haga sentirte orgulloso y realizado, a que haga crecer tu autoestima porque sientes que aportas algo de valor, ya sea al mundo, a tu empresa, o a tu cartera. Y creo que es una visión más realista y más sana del trabajo. Porque si esperas llegar a la oficina todos los días con la misma actitud de Bob Esponja, te vas a llevar una decepción cuando te des cuenta de que muchos días eres Calamardo.
Así que después de esta reflexión me gustaría expresar mi gratitud por el trabajo que tengo. Porque teniendo en cuenta el problema de paro que tenemos en España, genuinamente creo que tengo suerte.
Tengo suerte de trabajar en una empresa interesante sin haberme tenido que mudar a Madrid. Tengo suerte de poder teletabajar la mitad de la semana, para mí la modalidad híbrida es la mejor. Porque teletrabajar es poder sacar el lavavajillas como descanso después de una reunión. Es no tener que hacer un planning a 5 días vista para poner lavadoras. Es poder comer en tu casa, unos huevos fritos recién hechos, y no un tupper recalentado en el microondas.
Ir a la oficina también tiene sus ventajas, por eso digo que me gusta la modalidad híbrida. Por ejemplo, lo que me gusta de ir a la oficina obviamente son mis compañeros. Incluso en el peor de los trabajos, lo mejor suele ser los compañeros, las amistades de trinchera tienen un no sé qué especial. Incluso aunque pierdas el contacto cuando uno de los compañeros se va, siempre se le recuerda con cariño.
Espero que este post os haga más llevadero recordar que mañana es lunes. Hasta el próximo domingo.

